2 de abril de 2008

El espirógrafo gigante

Un día desperté y descubrí que no tenía nada que hacer. Me puse mi disfraz de humano y caminé hasta llegar a una estación de autobuses donde vendían comida preparada con base en los colores y no en el sabor. Como siempre he sido muy conservador, pedí algo en blanco y negro mientras leía un letrero que decía:

Si hoy despertaste y descubriste que no tienes nada que hacer, este anuncio es para ti.

Extrañamente me sentí identificado con el aviso, así que seguí leyendo:

Ahora en Autoransportes Coloso, puedes viajar a ninguna parte. Súbete a nuestro autobús y disfruta la aventura de dar vueltas y vueltas sin llegar a ningún lugar.

Informes en ventanilla.

Llegué hasta la ventanilla donde un señor me dijo -el próximo autobús sale en 3.1416 minutos, ¿traes equipaje?- Le dije que no. Pagué mi boleto y pasé al andén.

Al subir al autobús, una mujer me entregó una hoja de plástico burbuja, unos pájaros de origami y una lata de pintura. Dijo que podía sentarme donde quisiera, menos en el asiento del chofer porque ese ya estaba apartado para uno de los pasajeros.

Tomé asiento a lado de un señor que me confesó su adicción a los espárragos. Después el camión arrancó.

Recorrimos gran parte de la ciudad. Pasamos por barrios que no había visto antes, donde había muchas casas chiquitas y de colores. Es increíble cómo uno puede vivir tantos años en el mismo pueblo y no conocer lugares donde suceden vidas completas.

Cuando entramos a carretera, la mujer habló por el altavoz y nos dijo que tuviéramos listos nuestros pájaros de origami. Las ventanas se abrieron enseguida, e instintivamente todos los pasajeros liberamos nuestras piezas de papel.

Después entramos en un túnel donde todo era muy silencioso. Mi respiración era lo único que escuchaba, hasta que uno de los pasajeros empezó a tronar su plástico de burbujas. Inmediatamente nos contagiamos de ansiedad e hicimos lo mismo. El sonido era impresionante y hermoso. Todos reímos con satisfacción sintiéndonos identificados.

No sé cuanto tiempo pasó después, pero de repente el autobús empezó a dar vueltas muy cerradas en círculo. La voz en el altavoz nos pidió que abriéramos nuestra lata de pintura y la derramáramos por la ventana.

Nos alejamos para ver el círculo de colores que habíamos creado. Era muy bonito; como si hubiéramos formado parte de un espirógrafo gigante. Poco después estábamos de regreso en la estación.

Bajamos sin decir nada. Me despedí del señor adicto a los espárragos sólo con un gesto. Volví a mi casa y me dormí, deseando volver a tener otro día sin nada que hacer.

6 comentarios:

seigi ac dijo...

me fascinó el... ¿cuento?

lo que haya sido es ahora uno de mis top post de la vida =)

me siento hasta feliz podría decir.

salu2

Lorena dijo...

Interesante...

El otro día que tomé ese autobús me acordé que tenía algo importante que hacer...

En realidad no impotó mucho... disfruté de los colores que ya antes describiste perfectamente...

dato curioso... El ave de origami que me dieron regresó a mi casa coloreado de arcoiris!!

L dijo...

Gracias! =)

este post me puso estupidamente feliz jejee

52X Max dijo...

Este post es tan... tan...

tan de Pedro

Anónimo dijo...

entonces...¿fue real? ¿En dónde puedo tomar ese autobús?

Tankostro dijo...

El detalle de los 3.1416 minutos... fue genial, tu dia fue genial.