Derrites mis pupilas
eres lupa tornasol
te resbalas por el puente
cuando miro mi reloj
Me acompañas desde niño
interpretas mi visión
y te quedas a mi lado
mientras duermo en mi colchón
Plastiloka en las esquinas
armazón de resistol
te caíste un par de veces
tropezamos por error
Nos tomaron una foto
pero flash se reflejó
tus cristales opacaron
mi mirada no salió
Rayos láser te asesinan
puede ser la solución
pero miro hacia el espejo
y sin ti ya no soy yo.
29 de enero de 2008
28 de enero de 2008
Hot Cakes
Manola, la señora de abajo, tocó mi puerta. Tenía esa cara que hacemos cuando estamos bajo la lluvia y 3 hot cakes envueltos en papel aluminio. Me pregunto si ya me había desayunado y le dije que no; lo cual era mitad verdad y mitad mentira porque sí había desayunado, pero muy poquito. Entonces me dio los hot cakes y me los comí sin miel.
El domingo era lluvedizo y yo estaba solo, pero esos hot cakes me hicieron feliz. Recordé que las personas importan más de lo que a veces admito, y me sentí acolchonado por saber que hay personas que son buenas conmigo y están cerca de mí.
Le envié un mensaje a mi mamá para decirles que los extraño y después me fui a ensayar.
El domingo era lluvedizo y yo estaba solo, pero esos hot cakes me hicieron feliz. Recordé que las personas importan más de lo que a veces admito, y me sentí acolchonado por saber que hay personas que son buenas conmigo y están cerca de mí.
Le envié un mensaje a mi mamá para decirles que los extraño y después me fui a ensayar.
17 de enero de 2008
Nos bajan las estrellas
11 de enero de 2008
Naranjada por accidente
Naranjada era muy bonita, usaba vestidos con estampados de personalidades de la historia mundial y se pintaba las mejillas con acuarela azul. Todos los días caminaba desde su casa hasta la panadería donde trabajaba. Al principio sólo era asistente, pero ahora ya la dejaban hacer pan porque había aprendido muchas cosas. Le salían muy bien los pastelitos con queso en el interior.
Naranjada tenía una libreta que su mamá le regaló y se la llevaba todos los días al trabajo para hacer dibujos de lo que veía en el camino. A veces dibujaba las cosas tal como eran, pero también se tomaba la libertad de inventar. Como el día que vio una señora que paseaba a su perro.
Naranjada tenía una libreta que su mamá le regaló y se la llevaba todos los días al trabajo para hacer dibujos de lo que veía en el camino. A veces dibujaba las cosas tal como eran, pero también se tomaba la libertad de inventar. Como el día que vio una señora que paseaba a su perro.
Es fue el día en que conocí a Naranjada. El perro de la señora quiso morderme la pierna y como traté de correr, me enredé en la correa, me caí y me manché la cara de lodo. Entonces Naranjada me ayudo a levantarme y me preguntó si podía hacer un retrato de mi cara enlodada. Le dije que sí.
¿Por qué quieres dibujarme? – le pregunté mientras hacia trazos en su libreta.
Me gustan las cosas que pasan por accidente – dijo sin voltear a verme.
Te juro que mis papás sí querían tenerme – contesté en broma.
Se rió aunque sabía que era un pésimo chiste y siguió dibujando. Después me ayudó a limpiarme y me regaló los dibujos. Me dijo que trabajaba en la panadería y que debía apurarse.
Al día siguiente fui a visitarla y la encontré quejándose porque un pan le había salido chueco. Le dije que ese pan era un accidente y que era bonito; entonces lo compré y me lo comí. Desde entonces Naranjada me guarda todos los panes que salen mal por accidente y yo los dibujo y me los como.
Me gustan las cosas que pasan por accidente – dijo sin voltear a verme.
Te juro que mis papás sí querían tenerme – contesté en broma.
Se rió aunque sabía que era un pésimo chiste y siguió dibujando. Después me ayudó a limpiarme y me regaló los dibujos. Me dijo que trabajaba en la panadería y que debía apurarse.
Al día siguiente fui a visitarla y la encontré quejándose porque un pan le había salido chueco. Le dije que ese pan era un accidente y que era bonito; entonces lo compré y me lo comí. Desde entonces Naranjada me guarda todos los panes que salen mal por accidente y yo los dibujo y me los como.
Nunca antes me habían gustado tanto los accidentes.
9 de enero de 2008
Qué pan de buena suerte
Hoy me hice un sándwich de queso para desayunar y me tocó la última parte del pan, esa que todo mundo rechaza. Pensé que tal vez eso podría ser una de esas cosas que te dan buena o mala suerte. Y luego me pregunté: ¿quién es el que decide qué cosas son de buena o mala suerte? Y como nadie contestó, concluí que cualquiera puede inventarse lo que quiera.
Entonces decidí que cada vez que me toque comerme la última parte del pan será un día de buena suerte. Y lo mejor es que, como vivo solo y el pan es para mí solito, cada vez que compre una barra de pan estaré adquiriendo un día de buena suerte ¡ga-ran-ti-za-do!
Y bueno, hasta lo que va del día, la única muestra de buena suerte que ha sucedido fue cuando me bajé del carro y mis llaves se atoraron en la puerta, cosa que me sirvió para regresar y ver que había olvidado bajar mi jugo. Y ya lo bajé y me lo tomé y le di gracias a mi pan de la buena suerte.
Entonces decidí que cada vez que me toque comerme la última parte del pan será un día de buena suerte. Y lo mejor es que, como vivo solo y el pan es para mí solito, cada vez que compre una barra de pan estaré adquiriendo un día de buena suerte ¡ga-ran-ti-za-do!
Y bueno, hasta lo que va del día, la única muestra de buena suerte que ha sucedido fue cuando me bajé del carro y mis llaves se atoraron en la puerta, cosa que me sirvió para regresar y ver que había olvidado bajar mi jugo. Y ya lo bajé y me lo tomé y le di gracias a mi pan de la buena suerte.
7 de enero de 2008
Eres tan pequeña
Eres tan pequeña que podrías dormir en una semilla de sésamo. Por las mañanas te bañas con las gotitas de té verde que se quedan en la cuchara y juegas a caminar sobre las hojuelas en mi plato de cereal.
Eres tan pequeñita que las hormigas te extrañan cuando vas de viaje al patio del vecino. Y nadie se pone más feliz de verte que las lombrices de 5 corazones. Hasta las lágrimas de las mariposas son tus amigas, porque eres realmente muy muy pequeña.
Mañana lloverá y tal vez te pierda; pero no importa, porque eres tan pequeña que llegarás al mar, te convertirás en nube y volverás a mí la próxima vez que caiga agua del cielo.
Eres tan pequeñita que las hormigas te extrañan cuando vas de viaje al patio del vecino. Y nadie se pone más feliz de verte que las lombrices de 5 corazones. Hasta las lágrimas de las mariposas son tus amigas, porque eres realmente muy muy pequeña.
Mañana lloverá y tal vez te pierda; pero no importa, porque eres tan pequeña que llegarás al mar, te convertirás en nube y volverás a mí la próxima vez que caiga agua del cielo.
3 de enero de 2008
El 192 día del año.
El martes en la noche fui a comprar algunas cosas para la casa. Compré muchos jugos, manzanas, peras y zanahorias; leche, cereal, agua y unos cacahuates.
Cuando voy al mandado, trato de no comprar muchos productos precederos porque casi no me los como y se echan a perder, pero la idea es que ahora sí me voy a llevar mucho lonche al trabajo. Incluso estoy pensando en comprarme una lonchera; quisiera que fuera una de esas metálicas con termito como las que usábamos en kinder.
Después me cené la comida que la señora que me renta me regaló en navidad, vi algunos episodios de The Office y me dormí. Para mí, ése era el último día del año, porque al día siguiente era cuando realmente todo empezaría de nuevo.
El miércoles regresé al trabajo, era raro porque tenía esa sensación de volver a clases. Hice todo como tal; me levanté más temprano, desayuné bien y hasta me quedó tiempo de leer poquito antes de salir. Saqué la basura, pero después me di cuenta que no era lunes.
En el trabajo todo fue igual, aunque con un toque de nuevo. Trabajé con más ganas de lo normal, me sentía motivado y disfruté volver a tomar el café de la agencia.
Hoy sería como el segundo día del año, pero parece el 192do. Pasó la emoción, todo es igual que igual. Aunque traje mi lonche y tengo algunas ideas para empezar el año con energía y actividades, mi escritorio sigue lleno de los mismos papeles y mi carro otra vez se quedó sin gasolina.
Cuando voy al mandado, trato de no comprar muchos productos precederos porque casi no me los como y se echan a perder, pero la idea es que ahora sí me voy a llevar mucho lonche al trabajo. Incluso estoy pensando en comprarme una lonchera; quisiera que fuera una de esas metálicas con termito como las que usábamos en kinder.
Después me cené la comida que la señora que me renta me regaló en navidad, vi algunos episodios de The Office y me dormí. Para mí, ése era el último día del año, porque al día siguiente era cuando realmente todo empezaría de nuevo.
El miércoles regresé al trabajo, era raro porque tenía esa sensación de volver a clases. Hice todo como tal; me levanté más temprano, desayuné bien y hasta me quedó tiempo de leer poquito antes de salir. Saqué la basura, pero después me di cuenta que no era lunes.
En el trabajo todo fue igual, aunque con un toque de nuevo. Trabajé con más ganas de lo normal, me sentía motivado y disfruté volver a tomar el café de la agencia.
Hoy sería como el segundo día del año, pero parece el 192do. Pasó la emoción, todo es igual que igual. Aunque traje mi lonche y tengo algunas ideas para empezar el año con energía y actividades, mi escritorio sigue lleno de los mismos papeles y mi carro otra vez se quedó sin gasolina.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)