Somos lo que odiamos.
Me pregunto en qué momento uno empieza a interesarse por tal o cual cosa. ¿Cuándo decidimos que nos gusta un estilo de música? ¿Cómo empezamos a formar toda esta cadena de selecciones personales que terminamos usando como estandarte de nuestra personalidad? ¿Por qué me gusta el vino tinto y no el whisky? ¿Por qué los Beatles y no Metallica? ¿Por qué Woody Allen y no Martin Scorsese?
No sé si elegimos nuestros gustos con base en nuestra personalidad o si nuestra personalidad se va formando a partir de esta serie de cosas que elegimos amar. Algo que tengo muy claro es que la mayoría de las cosas que nos gustan, nos han sido contagiadas por alguien más. La gente que conocemos llega a nuestra vida por nuestros gustos; y nuestros gustos llegan a nuestra vida a través de gente que conocemos. Así que, prácticamente, nuestro destino está definido por lo que seleccionamos como nuestras preferencias.
Sé que no estoy analizando nada nuevo; pero trato de pensar cómo sería mi vida si no hubiera conocido a ciertas personas y éstas no me hubieran transmitido sus gustos.
Mi interés por ver el interior de las piedras me llevó a conocer a Toño. Al convivir con Toño, -creo- nació mi interés por el arte. De mi interés por el arte conocí a René. Por René conocí los blogs. Gracias al blog conocí a muchas personas que hoy son importantes en mi vida y que también me han contagiado algo de sus gustos.
Por lo pronto, me observo de lejos y veo un montón de cosas que me gustan y que de alguna forma me definen. Lo que no sé es qué tan verdaderas y auténticas son. O qué tan trascendentes llegarán a ser.